Con qué ojos miramos la vida

 

A lo largo de los años ha cambiado mucho mi relación con el mundo y conmigo misma y en consecuencia, por supuesto, mi mirada respecto a la vida. Durante buena parte de mi vida he estado triste, semi deprimida, en un mood de constante insatisfacción, lucha y rechazo por las cosas tal cual eran. Estaba en guerra con la vida y por supuesto conmigo misma.  Quería las cosas distintas, no sabía cómo pero no cómo estaban sucediéndose. Y me quejaba y enfadaba por mis circunstancias, sintiéndome desafortunada y cargada con mi pesar y problemas. 

Eso fue así durante mucho tiempo pero afortunadamente cambié y a día de hoy y desde hace años, veo el gran salto que he dado, alejándome de ese alguien infeliz que no estaba viviendo la vida que merecía. Hoy no me parezco en absoluto a esa otra Anna que ya quedó atrás. Dejé por fin salir a la luz a la persona que tenía retenida y atrapada, viviendo debajo de capas y de más capas de censura, negatividad, tristeza y depresión. La dejé salir gracias al trabajo personal que he seguido durante prácticamente toda mi vida y gracias, como he explicado en muchas ocasiones, a cruzarme con el yoga y más tarde la meditación. Ambas prácticas me han dado flexibilidad mental, ser compasiva conmigo, con la vida, vivir desde la observación, reconciliarme conmigo y cuanto me rodea, verme y aceptarme tal cual soy y aceptar también la vida, el mundo, lo que nos toca vivir, aprendiendo de cada situación y experiencia y valorando todas esas enseñanzas que ha de darnos cada momento, persona, incluso problema, error o tropiezo. Todo sucede por algo y aunque al principio no nos lo parezca, dejemos que el tiempo nos muestre la lección. Por más que ahora lloremos, queramos patalear, nos partamos en dos de dolor… Todo tiene su porqué y aprendizaje, os lo prometo, os lo aseguro y os lo dice alguien que lo ha pasado mal, sin pretender irme al drama pero todos tenemos nuestras historias y vernos resurgir de malos momentos es el mejor de los aprendizajes y querernos aún más por esta capacidad que todos tenemos de superar y avanzar, es el máximo amor que podemos darnos.

La realidad y la vida existe, es la que es… Pero, ¿con qué ojos la miramos? ¿De qué modo nos relacionamos con ella? ¿Qué cosas vemos y cuáles no? ¿A qué le damos importancia, a qué le restamos valor? ¿Qué nos eleva, nos suma… y qué permitimos que nos haga pequeñas, nos sintamos insignificantes y tristes? ¿Qué nos estamos perdiendo quizá por no mirar bien ahí afuera?

Nuestra mente y percepción determina el modo que tenemos de ver el mundo que nos rodea. Cómo lo percibimos y qué relación tenemos con él y el resto de personas, situaciones y experiencias. 

La realidad es la que es, muchas veces imposible de cambiar o modificar, no siempre depende de nosotras pero lo que sí depende es como nos relacionamos con ello, de qué modo decidimos vivir cada cosa, con qué intención.

“Aceptar y reconocer que nada externo nos causa ese sufrimiento nos da libertad. Eso significa ver la realidad, ver las cosas como son realmente y no como esperamos o deseamos que sean. Eso es alineamiento con lo que es. Comprender lo perfecta que es la vida, todo sucede tal cual ha de suceder y aceptar eso nos hace más libres. No debemos vivir intentando arreglar la vida ni a las personas” –Jeff Foster

 

Podemos sentirnos atrapadas en un lugar (un trabajo, una relación, una ciudad…) y permitir que eso condicione nuestras vidas de un modo negativo que nos resta energía, nos baja el estado de ánimo, nos deprime… o podemos aceptar que así son las cosas y que podemos vivirlo mejor, de otro modo si nos lo tomamos bien, sin lucha contra muros que escapan de nuestro control. Es nuestra responsabilidad dejar de lado esa guerra interior con la manera de ser de las cosas (Jeff Foster) y amigarnos con ello, mirarlo con ternura, con cariño y abrazarnos por esta capacidad que tenemos de verlo distinto y de reconciliarnos con ello. 

“Somos el océano con todas sus olas, buenas y malas, y estas no deben cesar. Hay que abrazarlas igual que la vida en el momento presente” –Jeff Foster

retrato de chica

El yoga y la meditación nos ayudan a ese cambio de percepción que nos permite ver con más claridad y tomar toda esa belleza que nos rodea.

“Ves todo bonito” me decían hace unos días. “Por supuesto porque hay mucha belleza ahí afuera, solo hay que abrir bien los ojos y tomarla”, respondí. Y si no lo vemos preguntarnos por qué está sucediendo. ¿Qué me hace ver tan mal, negras, feas las cosas? ¿Qué hay dentro de mí que no me permite verlo como realmente es, hermoso y perfecto tal cual sea? ¿Miedo, culpa, resentimiento, ira y enfado, rechazo, soledad…? Conocernos a través de la escucha que nos permite meditar, el movimiento a través de asanas o la escritura reflexiva, nos permite conectar con todas esas razones y dar luz sobre ello para trabajarlo e ir hacia el cambio, reconciliarnos con lo que nos hizo daño y ver la vida bajo otro prisma.

 

Espero que de algún modo esto os resuene y será un placer leer vuestra opinión, punto de vista e incluso experiencia al respecto. Un abrazo,

Anna

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