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Recalcular ruta

 

Me paro, respiro, observo, siento… y recalculo ruta. En los viajes como en la vida.

Hoy en día la gran mayoría sentimos en ocasiones que hemos de estar continuamente haciendo cosas. No es que sea malo pararse o que lo bueno sea siempre hacer cosas sino que hay momentos de la vida en los que te das cuenta de que no vas por el camino que deseas realmente, no sabes hacia dónde vas y necesitas parar justamente para observar y ver si eso es lo que quieres. En realidad si sabes lo que quieres, si tienes un objetivo claro, “puedes correr todo lo que quieras” (entre comillas, ya me entendéis, no soy fan de correr aunque a veces esté en ello pero esto es tema de otro post). Vivimos una especie de ansiedad por estar en movimiento continuo. Algo que nos perjudica porque nos hace perder tiempo muchas veces en caminos equivocados solo que parece que debemos seguirlos y hacerlos para sostenernos. 

¿Cómo voy a parar? Tengo que producir, ingresar dinero, sembrar para que luego sucedan cosas… Y seguimos, por inercia, por sentido de la obligación, responsabilidad excesiva… 

 

Mi 2019 ha sido muy intenso. Quizá ahora que justo hemos cerrado el año, haya salido a la superficie todo eso que a veces no se ve pero que va calando de algún modo. Y salió en India donde me puse enferma y viví un auténtico detox emocional en el que solté muchísimas cosas… pero también al regresar juntándose Navidades, vacaciones, nuevo año, nuevos propósitos… Recuerdo que sucedió un lunes. Me senté en el ordenador en la mesa del salón y me dispuse a trabajar. A preparar cosas para el nuevo año, organizar, planificar, escribir… Y de repente algo dentro de mí dijo “no”. “No Anna no, no puedes”. “¿Cómo que no puedes?”. Se había activado un interesante diálogo interno del que no salían respuestas ni explicaciones. No podía. No podía sentarme a trabajar y seguir haciendo. ¿Haciendo qué? ¿Por qué y para qué? ¿A qué ritmo y a qué coste? Me detuve, me observé y vi cómo me sentía. Apagué el ordenador. Lo cerré todo y ese día no hice nada más. Me bloqueé, me colapsé, me saturé. De no parar, de estar en un bucle de producir más y más por eso que antes decía, ese hacer para sembrar, para estar presente, para crear oportunidades…

 

Y paré, paré ese lunes y lo hice por unos días más. Detuve máquinas y muchas cosas que tenía previstas y en marcha para escucharme y tomar decisiones cuando lo sintiera pero lo hice justamente para recalcular ruta porque sentí que tal cual estaba funcionando, ya no me servía. Me estaba pidiendo demasiado y necesitaba vaciar, más espacio en silencio, en blanco y estar conmigo haciendo lo que me apeteciera. Dedicándome a no hacer más que lo que surgiera del deseo más sincero y real, fuera estar tumbada en el sofá mirando el techo, caminando sin rumbo, enamorándome por la calle de algo, alguien o de la vida misma. Y dejar el teléfono, la planificación de redes, el email del cliente y la edición de otro ebook. ¿Hubiera necesitado más? Sí, sin duda y por eso regreso a medio gas, con bastante calma y parando algunos planes que tenía previstos. 

Estos pauses que puedes necesitar para descansar, recargar energía, acudir a lo que te gusta y deseas hacer, nutrirte, inspirarte… pero también para en ese espacio limpio y en blanco, ver por dónde vas y si sientes que es por ahí por dónde deseas ir. 

 

Y entre el viaje (a mí los viajes me remueven y me dejan una especie de resaca a la vez que me ayudan inmensamente y me permiten ver) y esta pequeña parada, he visto, decidido y recalculado. De hecho llevo un año haciéndolo. Recalculando, cambiando y ajustando lo que he sentido que necesitaba, tomando más conciencia y escuchándome, escuchando mi intuición, haciendo y deshaciendo. A veces por sentirlo, a veces porque era necesario y lo demandaba la situación. Otras porque no estaban funcionando las cosas como deseaba… he recalculando personal y laboralmente. En lo que ofrezco a los demás en mi trabajo, en la manera de plantearlo y presentarlo. Hábitos de mi vida, en mi verano que inicialmente iba a ser de un modo y terminó siendo de otro. En relaciones, en amistad y familia. También en formaciones, por supuesto en mi último viaje a la India que tuvimos que replantear el viaje en un momento dado, a mi llegada a casa que preveía pasar las Navidades en otro lugar y terminé cancelando todo para quedarme aquí. Y quedándome aquí, sintiendo todo esto que os contaba en relación al trabajo y que me ha llevado a reorganizarme para vivir más en línea y armonía cuando sentía que yo misma me estaba desbordando de tanto pedirme. 

 

Fotografías: Sandra Rojo

 

Siento que 2019 ha sido un año de crear, aprender y seguir creciendo. Un año en el que ha nacido de mí una nueva marca, en el que Cuidarme y todo lo que ha venido después y a raíz de él, ha surgido de prácticamente la nada y se ha convertido en un gran universo de bienestar, equilibrio, calma, despertar y de escucha interna que pongo a vuestro servicio. Siento que este mundo de Conscious Living es la más grande de mis historias, es el lugar y la expresión y materialización de todo lo que hay en mí y quiero compartir. 

Mi gran deseo para este año es ofrecer más de todo esto, más y más, hacer crecer el proyecto, estar al servicio, a vuestra disposición y acompañaros en vuestras transiciones, compartiendo mi conocimiento, experiencia, prácticas y herramientas.

 

Nos encontramos en el momento ideal para movernos hacia adelante, seguir avanzando, expandirnos, ser y estar. Moving forward. ¿Vamos?

 

Gracias por seguir aquí.

Feliz día,

Anna

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