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Encontrar el propio camino de sanación

manos en posición rezo al cielo

 

“Cuanto más leo, estudio, investigo, practico, reflexiono… más descubro y veo todo lo que aún me queda por aprender, conocer, saber y por crecer”. Esto lo escribía hace unas semanas en Instagram.

Y es cierto que desde esa postura, no creyéndote que lo sabes todo, sin ser dogmática, sin pretender tener la verdad absoluta de todo (porque, ¿quién la tiene?) es cuando mayores aprendizajes hacemos y más lo interiorizamos y asentamos en nosotras.

Llevo años buscando. He sido siempre una gran buscadora (en muchos sentidos) y aunque me he detenido por periodos de tiempo, siempre termino regresando a la búsqueda. Hace años lo viví con angustia, presión, miedo… Buscaba porque me sentía perdida. Ahora, a diferencia de entonces, no busco del mismo modo. Ahora busco para encontrar todo aquello que debo tener en mi vida, sabiendo quién soy, qué deseo, qué siento que quiero incorporar en mi vida pero encontrándomelo en este camino de crecimiento continuo en el que nos encontramos todos.

A veces mi cabeza tiene tantas ideas, quiere expresar tanto, con deseos de transmitir, comunicar, escribir… que voy anotando esto por aquí, aquello por allá… Y me encuentro con miles de notas donde voy reuniendo ideas. Notas en el teléfono, notas en la libreta que llevo siempre conmigo, notas en el diario, en la agenda, en papeles sobre la mesa…

 

“Solo sé que no sé nada” decía Sócrates.

“Si tienes la mente vacía, esta siempre estará dispuesta para cualquier cosa, estará abierta a todo”,  palabras del maestro zen Suzuki-Roshi.

 

Así me siento yo, así me he sentido siempre. Totalmente abierta a saber, a aprender, a descubrir y a seguir investigando. Mucho a nivel personal pero también a nivel profesional, en completa mente de principiante, lo que me abre (nos abre a todos los que estamos en esa actitud) a infinidad de posibilidades. En esa postura es cuando de verdad nos es posible oír y hacerlo de un modo totalmente consciente. Eso es ya en sí mismo un challenge pero aún lo es más cuando lo vivimos con calma, con tranquilidad y con fluidez. Sin prisas, respetando el ritmo natural de las cosas, del proceso, del encontrar, aprender y del interiorizar. Confiando en el camino.

Para mí, esa búsqueda constante y esa apertura, ha tenido siempre que ver con mi camino de sanación. De pequeña sufrí una gran pérdida en mi vida, no considero que viviera una infancia feliz y completa y en mi adolescencia viví una enfermedad que me acompañó durante mínimo 15 años (que se dice pronto…). Busqué. Por supuesto que lo hice porque aunque estuviera en el momento más bajo de mi vida, deseaba con todas mis fuerzas estar bien. Leí, probé terapias, médicos, medicina tradicional, alternativa, prácticas varias… Dí todos los pasos que sentí que debía dar. Abrí todas las puertas que descubrí, no me quedé sin intentar nada, diría… E insistí hasta encontrar la salida. Viví años un camino de sanación que parecía que no tenía fin.

Y muchas veces me preguntan: ¿cómo lo has hecho? ¿Cómo lo has logrado? (Refiriéndose a varias cosas de mi vida). Buscando e investigando sin parar, con muchísima prueba y error, con persistencia, siendo bastante tozuda muchas veces, con fe, con confianza y con compromiso. Un compromiso conmigo misma que me ha llevado a la superación y al lugar en el que estoy. Me queda mucho camino, en todos los niveles de mi vida. Como dice Wayne Dyer, “Somos completos en nuestra condición de incompletos porque no existe ni principio ni final”. Totalmente así que sigo caminando y eso, no nos lo quita nadie, solo nosotras mismas si decidimos detenernos y abandonar pero… aunque nos cansemos, aunque a veces desfallezcas… keep going. Y esto no es un mantra, no es una frase bonita. Es lo que deberías decirte cuando pienses en rendirte porque no se ha acabado y aunque duela infinito o no sepas por donde tirar, van apareciendo señales que te guían y te muestran el camino. 

Yo hace años que aprendí a observarme, escucharme y atenderme. Escribir y leer, mis dos grandes herramientas que me acompañaron siempre. Luego llegó el yoga y a la par mi reconciliación con la comida. Más tarde, se añadió la meditación y la respiración (estos dos más recientemente) y con todo ello, incrementé mi escucha.

 

Fotografías Sara Frost en evento Stories at Home, Cuidarme

 

“Cuanto más y más escuchas, más y más oyes. Cuanto más y más oyes, más y más profunda se vuelve tu comprensión”

Dilgo Khyentse Rimpoché.

 

Así que, mi recomendación, si es que puedo dar alguna, sería invitaros a escuchar. Dedicarse tiempo a una misma para observar y escuchar lo que nos dice el cuerpo, lo que sentimos, lo que se expresa en nosotras, atendernos, investigar y probar lo que sintamos que nos puede ir bien. Leer, investigar, escribir y conversar pero además y sobre todo, confiar.

En unos días, este mismo mes, voy a estar compartiendo algo nuevo en mi shop. Se trata de una propuesta que os quiero ofrecer para ayudaros en vuestro día a día. Sigo trabajando en ella pero pronto os cuento más detalles. Gracias por leer,

Un abrazo

Anna

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Anna

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