EN

Conociendo a… Sara Frost

 

Siempre me ilusiona traer a este espacio a personas queridas, cercanas, inspiradoras y llenas de luz.

Con Sara llevábamos tiempo siguiéndonos a través de redes sociales pero hasta el año pasado no coincidimos en persona. Fue a través de encuentros con amigas comunes que empezamos a vernos y relacionarnos pero ha sido este 2019, cuando ambas regresamos de nuestros respectivos viajes, que empezamos a construir de verdad nuestra amistad, dándonos tiempo y espacio para conocernos y compartir. Fue uno de esos flechazos y ambas sentimos una conexión casi instantánea. Nos vimos y nos reconocimos.

Compartimos nuestros días, compartimos sueños, ganas, ideas, imaginamos viajes y momentos futuros juntas y tenemos entre manos proyectos. Uno de ellos iba a materializarse en noviembre pero por lo que explicará en la entrevista, hemos tenido que dejarlo en stand by por ahora pero esperamos que 2020 nos permita seguir con ello.

Veremos que nos depara el futuro pero por ahora, os dejo con ella para que la disfrutéis. Gracias Sara por pasarte por aquí y escribir tan sincera.

Un abrazo,

Anna

 

Antes de nada, cuéntame, ¿quién es Sara?

Para empezar te he de confesar que no me siento muy cómoda definiéndome. Creo que el ser humano es infinito, lleno de potencialidades y a la vez algo muy esencial: vida. Las definiciones son maneras de encasillar que tiene nuestra sociedad para “presentarnos” ante el mundo como target de consumo, así que per se de un modo limitante.

Dicho esto hay algunas acepciones con las que me siento identificada. La primera es Recolectora de Belleza. Veo belleza en todo y me apasiona comunicarla ya sea mediante el medio fotográfico, audiovisual o en un abrazo. Otra acepción con la que me reconozco es Refugio. Tengo una gran capacidad de amar y eso me permite empatizar y generar un entorno de acogida para cualquier tipo de persona.  Conecto con gente muy diversa y por ello mi comunidad es tan variada.

 

¿Te dedicas a la fotografía desde… ? ¿Cómo empezó este viaje?

Siempre he querido crear pero como era muy insegura pensaba que no estaba capacitada para ser artista. Ha sido a través del autoconocimiento que he ido aceptando que no había “una manera inalcanzable” de crear sino una voluntad innata de expresarme creativamente. La fotografía ha sido un medio natural para ello, como una extensión de mi sensibilidad y capacidad de observación. Fotografiar empieza en la contemplación y fotografío intuitivamente desde pequeña, no me he formado especialmente en ello. Estudié audiovisuales así que la narrativa es parte esencial de cómo fotografío. Es cierto que me cautiva la estética pero siempre le añado una intención. Todo lo que fotografío tiene un sentido para mí, una historia latente.

 

 

¿Cómo sientes que has evolucionado en los últimos años? 

Los últimos cinco años han sido transformadores, de gran crecimiento personal y muchísimas vivencias enriquecedoras. De los veinte a los treinta acumulé experiencia profesional muy diversa. Debido a mi inseguridad priorizaba una estabilidad económica antes que mi sueño de crear; no me sentía capacitada. Así tuve experiencias tan variopintas como trabajar en una distribuidora de cortometrajes, en el departamento de marketing de una multinacional, abrir un coworking o el que fue mi trabajo más duradero, como asistente de dirección en una galería de arte durante cuatro años. En paralelo siempre fotografiaba como hobby. Todos mis amigos tenían retratos hechos por mí que usaban como avatar en Facebook, les encantaban mis fotos. Ahora sé que todas esas experiencias me ayudaron a tener los recursos que tengo hoy, pero en ese momento vivía increíblemente frustrada porque no me sentía capaz de cambiar mi vida. A los 29 tuve la crisis de los pretreinta acompañada de una ruptura de una relación de casi nueve años. Llevaba la mitad de mi vida trabajando y no era feliz así que decidí intentar vivir de mi hobby. Me sentía tan miserable que no perdía nada por intentarlo, siempre podía volver a lo que ya sabía hacer.

Como me sentía muy cómoda trabajando con luz natural pensé en la fotografía de bodas como una opción. Esa primera intuición me abrió las puertas a un mundo muy duro profesionalmente pero al mismo tiempo muy enriquecedor. Han sido siete años de intensa actividad profesional, he crecido enormemente como persona. Nunca pensé que esta profesión podía aportarme tanto. ¡Me ha permitido generar memoria histórica de tantas y tantas parejas! He tenido el privilegio de acceder y plasmar su intimidad, además de incontables viajes y compañeros que he conocido en el camino. Estoy inmensamente agradecida a todo lo que me ha aportado.

En paralelo siempre he ido desarrollando mi obra personal, principalmente retrato y fotografía introspectiva de viajes porque es mi pasión; casi en su totalidad en analógico.

En los últimos años no obstante notaba que me faltaba algo. Sentía que necesitaba un cambio pero no acababa de visualizar hacia dónde.

Siempre me ha interesado el autoconocimiento y el desarrollo personal. Me fascina el hecho de que independientemente de nuestro contexto social  u origen antropológico todos buscamos trascender, darle un sentido a nuestra vida. Nos los preguntamos desde hace miles de años. Todas nuestras conversaciones giran en torno a la pertenencia, a realizarnos como individuos, en definitiva, a dar un sentido a nuestra existencia. Esa curiosidad se ha convertido en mi nueva pasión en estos últimos años, y se ha transformado a una apertura hacia una vida más consciente. Esos recursos me permiten empatizar aún más con mi entorno y generar herramientas para ayudar a los demás en su camino de autoconocimiento. Eso, combinado con mi capacidad creativa, me abre un horizonte muy diverso de desarrollo profesional y apenas explorado. Me siento muy ilusionada ante esta nueva etapa. Estoy ayudando a profesionales que se dedican al mundo del bienestar a conceptualizar visualmente su propuesta profesional. El mundo del crecimiento personal está visualmente muy estereotipado así que me ilusiona poder renovarlo. En paralelo tengo varios proyectos en mente que combinan la potencialización del desarrollo creativo mediante el autoconocimiento. Estoy  trabajando con gente realmente inspiradora siendo tú una de ellas y me siento muy agradecida.

 

chica sobre tronco en el mar

 

Estando en México a principios de año, cuando me encontraba en un lugar remoto en soledad, tuve una revelación: debía parar (de verdad) y darme tiempo. Así que 2020 va a ser un año de transición, como todos los demás, pero desde una voluntad consciente de concederme ese espacio de crecimiento. Es por ello que no he contratado ninguna boda para liberar esa energía y dejar que la vida me guíe. Seguir siendo ese refugio, tener respuestas para los demás, pero desde un nuevo ámbito de conocimiento. Me voy a conceder 2020 para formarme y así seguir ayudando a los demás con más recursos. Ahora mismo estoy interiorizando la práctica del yoga para en un futuro poder ser profesora así como en paralelo realizar una formación en psicología transpersonal.

 

 

¿Qué te inspira, qué te ilumina, qué te llena?

Te podría decir que encuentro inspiración en todo. No creo que haya cosas o momentos inspiradores y otros que no. Creo que todo depende del ciclo vital en el que estés, de lo que necesites aprender en ese momento y en tu capacidad por sorprenderte.

Me inspira la vida, las personas, las experiencias, el conocimiento, la naturaleza. Como te comenté veo belleza en todo. Es un milagro estar vivos, ¿qué hay más inspirador que eso? Creo que una de los grandes carencias de nuestra sociedad es que se centra mucho más en el hacer que en el ser. Estamos sometidos a una presión increíble y nuestra validez se mide por lo que hacemos y no deja de ser una trampa para caer en la ansiedad y canalizarla en consumo. Si bebo este smoothie y hago esta formación de reiki voy a “mejorarme”, si me compro estos sneakers voy a molar más, si me voy de vacaciones voy a ser feliz. Toda nuestra existencia es un intento de mejorar, de llegar a ese momento en el que ya sí nos vamos a querer pero obviamos lo más evidente y es que ya somos seres completos. Buscamos llenar el vacío, evitar la sensación de soledad y el miedo a la no pertenencia. Te puedo explicar qué hago, pero eso no significa que me llene, no sé si me explico. Puedo tener una rutina de yoga y meditación, pero si la hago desde la carencia o el desasosiego no me van a llenar. Y ahora con las redes sociales aún más. Si no relatamos lo que hacemos a diario es como si no existiéramos. Es una gran trampa en la que hemos caído que genera mucha frustración. Estando en Mexico decidí no actualizar mi Instagram durante ese espacio de tiempo. Fueron tres meses de pura vida, felicidad y de estar en el presente. Varias personas me contactaron para preguntarme si estaba “bien” ya que hacía tiempo que no posteaba nada. Qué paradoja, ¿verdad?.

Te explico todo esto porque he tenido una gran alerta de mi cuerpo que me ha hecho identificar que aún vivía desde la carencia. Te escribo desde el hospital después de tener una infección de riñón que casi me cuesta la vida. La Sara que nunca se enferma, que siempre está bien, que no tiene ni termómetro en su casa, acaba de experimentar un descenso a los infiernos del que ha renacido. Uso la palabra renacer porque lo percibo literalmente así, la vida me ha dado una segunda oportunidad y me ha mostrado hasta qué punto vivía engañada. Después de enfermar he sido consciente de cómo me castigaba. Vivía desde el miedo.

 

Viajas mucho, eres un espíritu libre que ha logrado estar-vivir desapegada de lo material o de un hogar fijo en el mundo. De todos los lugares en los que has estado, ¿con cuál te quedas y por qué?

Siempre he tenido un espíritu explorador. Viajar es algo natural en mí, y a medida que he ido evolucionando como persona mis viajes se han vuelto más libres e intuitivos, hasta el extremo de no planificar. Cuanto más abierta he estado a la experiencia, más únicos y excepcionales han sido los encuentros que he tenido. Cada persona, cada conversación, cada lugar me ha llevado a otro descubrimiento revelador, es fascinante. Viajar me ha dado esa gran lección y es precisamente esa actitud con la que intento vivir en mi día a día dentro de la rutina. Estar abierta a todos esos encuentros inesperados, disfrutar de la luz en cada hora del día, decidir salir antes del coworking para ir a leer a una terraza, en definitiva, estar en el ahora. Eso me ha permitido darme cuenta de que no se trata tanto del lugar sino de la predisposición con la que viajes. Como en la vida, si viajas con todo planificado no se va a poder generar ese espacio mágico de lo imprevisto.

Me he encontrado con muchos viajeros que conciben el viaje desde la acumulación, que necesitan contabilizar en cuántos países han estado y les encanta enumerar ese listado como si la vida fuera una competición de viajes en avión.

Podría hablarte de tantos y tantos lugares, pero me parece caer en el ego. Puedes tener el viaje más increíble viendo amanecer en la Playa de Barceloneta un miércoles antes de ir al trabajo o mientras nadas en el polideportivo de tu barrio.

Dicho esto, si te he de destacar un país ahora, me quedaría con México. México es pura abundancia e intensidad. Su biodiversidad, su cultura pero sobre todo su gente me han conmovido y transformado. Este país ocupa un lugar muy importante en mi corazón y sé que voy a regresar pronto.

 

 

¿Qué es para ti casa-hogar? ¿Qué debe tener para ser eso precisamente?

Me fascina el concepto de hogar y cómo está íntimamente ligado al miedo. Es un término cuyo significado se ha ido transformando a medida que he madurado. Crecí en un entorno de grandes carencias emocionales así que de modo inconsciente me sentía ausente de hogar. De adolescente siempre tenía esas fantasías de tener un marido, hijos, mi casa, mi coche. De “encajar”. Pensaba que cuando tuviera todo eso sería feliz.  Logré mi independencia, pareja y trabajo estable, pero al mismo tiempo sentía un gran vacío. Proyectaba constantemente, siempre me faltaba algo. Soñaba con un piso más bonito, un trabajo en el que me pagaran más, enfocaba toda esa idea de felicidad en crear un “hogar” para lo que socialmente se me había predeterminado.

Finalmente, estando ya realizada profesionalmente, encontré ese piso que reflejaba lo que siempre había soñado y le dediqué muchísimo esfuerzo e ilusión en adecuarlo como hogar. Me di cuenta de que era capaz de crear ese hogar  físico que yo nunca había tenido y lo disfruté mucho. Can Frost fue mi refugio pero también un hogar para otros. Fue un lugar de acogida, de encuentro de amigos, de compartir vivencias. Muchas personas pasaron por allí y se sintieron como en casa y me hizo muy feliz. Pensaba que lo tenía todo pero una vez mi rutina estaba “montada” la vida hizo que me cruzara con un nómada que me sacudió por completo. Me fascinó su capacidad de estar en el ahora, de vivir el día a día y me recordó que yo también era un espíritu libre. Eso motivó otra transformación en la que paulatinamente me fui desprendiendo de todo aquello material que de repente me sobraba en pro de una ligereza de vida.

Llevo un año y medio en ese proceso y he de admitir que no ha sido fácil pero ha sido necesario para entender que el hogar no está ligado a un espacio físico. A medida que me iba despidiendo de lo que había sido Can Frost y deshaciéndome de cosas que ya no tenía sentido que mantuviera, me cuestioné a mí misma. ¿Cómo podía seguir siendo hogar sin un espacio físico? ¿Quién era ahora? Afloraron muchas inseguridades y el miedo a no pertenecer de nuevo pero tenía una lección preciosa que aprender. Este proceso me ha aportado el conocimiento de que el hogar empieza en uno mismo. He necesitado desprenderme de todo lo que yo siempre había soñado para aprenderlo y me parece una de las enseñanzas más valiosas que he tenido. Tú eres hogar y haces hogar allá donde estés.

Sé que más adelante me motivará crear otro hogar físico pero desde esta nueva certeza.  No tengo prisa, cuando tenga que ser.

 

 

¿Algo más que quieras contar?

Ligado a lo anterior creo necesario compartir esta última reflexión. Estando en la UCI, en un situación límite y en un estado de no conciencia por el dolor, me sentí en casa. De repente esas cuatro paredes y mi cama se convirtieron en mi hogar porque toda mi comunidad (mi familia elegida y mi familia natural) se volcó en apoyarme. Estuve rodeada de toda esa gente que quiero y me quiere y hasta generé una nueva comunidad con el equipo de médicos y enfermeros que me cuidaron. Todos ellos hicieron que el hospital se convirtiera en mi hogar y me ayudaron a reforzar esa lección. Tú eres hogar y tu cuerpo es un santuario que te acompaña y te guía. Empieza por escucharlo y respetarlo.

 

Gracias Sara nuevamente.

Espero que la hayáis disfrutado y si os interesa seguir leyendo a personas inspiradoras, aquí tenéis más entrevistas.

/ INFO

Además de contactarme a través del formulario que tienes en esta página, puedes enviarme directamente un email a hola@annalfaro.com
Será un placer saber de ti.
Anna

/ Dosis de
inspiración

Únete a mi newsletter para tener un día a día más inspirador. Recibe mensualmente contenido seleccionado relacionado con el bienestar, diseño, literatura, arte, cultura, música… y mucho más.

.