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Conociendo a Lisi de In the Mood

mujer en naturaleza

 

Esta entrevista me hace muchísima ilusión. La preparé estando en Bali donde pasé muchos momento con Lisi, la protagonista de este escrito, y toda su familia.

Nos conocimos hace algunos años por cuestiones de trabajo, de mi blog, del suyo, nuestra relación con el yoga, personas en común… Pero cuando más nos hemos conocido y acercado ha sido durante mi tiempo en Bali. Fue mágico entrar en su mundo, compartir su vida allí con ella y su familia, que me abrieran tan cariñosa y generosamente las puertas de su casa… Y que además, surgiera esta preciosa entrevista. Como la de Marta Vargas de hace unas semanas, estas son de esas entrevistas que cuando las lees (a mí al menos me ha pasado), te emocionas y por más veces que las lea, sigo emocionándome.

Os dejo con ella, espero que la disfrutéis tanto como yo.

Sobre Lisi, de In The Mood, como muchos la conocen, ella, su vida, su mundo profesional, personal, su familia, su vida en Barcelona, en el mundo y en Bali.

Lisi es mujer, madre, amiga, hija, yogui, aventurera, amante de la naturaleza y de lo intangible.

También es directora de arte, fotógrafa, foodie y le fascinan todas las cosas hechas con las manos y el corazón. Estudió comunicación audiovisual (¡primera promoción!), diseño gráfico e ilustración y se fui a vivir a Nueva York a trabajar en Condé Nast y Martha Stewart. Más tarde lo dejó todo y se fui a vivir a Sao Tomé-Príncipe (África) para ayudar a la gente de la isla a navegar por internet y a utilizar los ordenadores que les habían donado (los primeros que eran de libre acceso en el país). Allí aprendió que no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita. Fue una experiencia que cambió su vida, me explica.

Cuando volvió a Barcelona, trabajó como ilustradora para Philip Stanton, pero el grueso de su experiencia profesional lo vivió y experimentó trabajando en DDB, una agencia de publicidad multinacional. Llevaba cuentas como L’illa Diagonal o Volkswagen. Después de casi una década de trabajo intenso (también de muchas risas y amistades infinitas, dice riéndose), sin horarios de salida, conoció a Alex quien le hizo reír como nadie y supo desde el primer momento que iba a ser el padre de sus hijos. Al cabo de un año de conocerse, se quedó embarazada de su primer hijo Simón y dejó la agencia por incompatibilidad de horarios.

Me dediqué mi hijo plenamente, pero con el transcurso del tiempo, necesitaba expresar mi creatividad y me sumé casi por accidente al proyecto que empezó Alex, Frescota, una agencia de publicidad “taylor made” y empecé a trabajar con clientes de pequeñas y medianas empresas disfrutando muchísimo con los proyectos siempre hechos desde el cariño y la pasión e involucrándome siempre de principio a fin.

Durante esos años, empezamos un proceso de adopción en Etiopía. Tuve un largo embarazo del corazón hasta que León llegó a nuestras vidas. Viajar a Etiopía siendo 3 y saliendo del país siendo 4 fue una de los momentos más intensos y maravillosamente agotadores que hemos vivido como familia. Pasamos un mes en el orfanato conociendo y queriendo a nuestro hijo León. Como tenía meses de vida y quería que recordara esos momentos tan especiales por toda la vida, le escribí e ilustré un cuaderno de viaje explicándole todo lo que sentimos, hicimos con él o lo que ocurría en su país durante esa época. Ahora tiene 6 años y espero podérselo leer pronto. No puedo imaginarme mi vida sin su risa y estoy agradecida al universo que quiso que nuestros caminos se juntaran para formar la familia que somos ahora. Él me hizo creer que el destino existía.

 

familia

 

¿Y qué hay de In the Mood?

(en sus orígenes era In the Mood for Food aunque su evolución la ha llevado a acortarlo un poquito y poder integrar todo lo que ella ama y le apasiona)?

Después de trabajar tantos años en DDB y después de tomarme el “break” al haber sido madre, quería dedicarme a cultivar las pasiones que había abandonado durante unos años tras tanta exigencia laboral.

Hice un curso de alta cocina en la escuela Hofmann y para recordar las recetas que estaba aprendiendo, empecé este blog personal en el que colgar mis explicaciones y fotografías. Sin darme cuenta, un buen día hablé también de un restaurante y así empecé a alimentar el feed de In the Mood for Food* ya no sólo con las recetas sino también con artículos relacionados con la gastronomía explorándola tanto sensualmente como a través de la cultura, historia y el arte que la rodea. Movida por mi pasión por descubrir y compartir, durante muchos años hablé de pequeños restaurantes bistronómicos y después de hacer tantas fotografías (retratos, interiores, degustaciones…) de forma natural y sin darme ni cuenta, me convertí en fotógrafa gastronómica. Empezaron a venir clientes a Frescota desde In the Mood for Food. Ambos proyectos se retroalimentaban de modo que creé la división Frescota Foods, donde hicimos namings, packaging, webs, fotografía, menús… para restaurantes, chefs o productos gastronómicos. ¡Lo pasamos muy bien!

*El nombre es un homenaje a In the Mood for Love de Wong Kar-Wai, una de mis películas preferidas.

Durante estos años me ha aportado muchísimo conocimiento del sector de la gastronomía. Una amiga me viene llamando  “Li Guided” desde hace 20 años (guiño a la conocida revista B-guided) porque según ella era una fuente de recomendaciones de restaurantes de la ciudad, pero ahora los tenía en un portal y la excusa perfecta para seguir conociendo sitios nuevos. Un restaurante para mí engloba tantas cosas que me interesan… el menaje, la creatividad, la presentación en la carta, el interiorismo, la arquitectura, la fotografía, la luz, la música… si aciertas, se convierte en una experiencia sensorial completa y enriquecedora. Viajé por el mundo conociendo los mejores restaurantes y hablando sobre ellos desde la pasión y admiración.

Hice un master de crítica gastronómica con The Foodie Studies y aprendí a hablar con más rigor, aunque mis pretensiones nunca fueron ser “crítica” sino que desde mi más profunda humildad, sólo quería compartir mis pasiones.

Pero después de tantos años dedicada a la gastronomía quise explorar otros caminos. Empecé clases de cerámica y continué con el yoga, con lo que el contenido varió notablemente. Empecé a entrevistar a ceramistas y a yoguis. Dejó de seguirme mucha gente, pero no me importó porque  fui auténtica y fiel a mis intereses. Al final todo parte del crecimiento personal y de la continua evolución y búsqueda.

Unos meses antes de irnos a vivir a Bali, tuve una oferta irrechazable: tuve la oportunidad de trabajar para “elbullilab” con Ferrán Adrià, donde ayudé a escribir un libro sobre los tipos de cocina y aprendí muchísimo del gran maestro. Sobre todo humildad, tenacidad, curiosidad y trabajo duro. Y todo esto vino por In the Mood for Food, a quién estoy agradecida por tantas oportunidades que me dió de conocer a gente y aprender sobre gastronomía.

mesa con comida

 

Sobre tus gustos y aficiones.

Creo que el hilo conductor en toda mi vida ha sido la creatividad, la curiosidad y mi carácter aventurero. Estas tres características intrínsecas han forjado mi camino. Lo que ha prevalecido todo el tiempo es la fascinación por la belleza, que se refleja en mi necesidad por crear y expresar (ilustrar, escribir, fotografiar, los interiores, la cerámica, la música…), la curiosidad por no dejar nunca de aprender y conocer (viajar, leer, estudiar…)  y la aventura para explorar lo desconocido y hallar placer en lo intangible (la conexión con la naturaleza, el crecimiento personal, el yoga…).

Me nutro de cualquier cosa. De las cosas más mundanas y cotidianas (conversaciones con desconocidos, sonrisas encontradas, los pequeños detalles, los rituales, ir al mercado…) a la inmensidad de la naturaleza, tan exuberante en Bali.

Hace muchos años que trabajo por conseguir una vida más slow pero no es fácil de conseguir si tu cabeza va a otro ritmo. Pero busco contínuamente llevar una vida con más sentido y valor. Me encanta jugar con mis hijos, leer, dar paseos con mi perra Pancha (que trajimos desde Barcelona a Bali), cocinar con mi marido, nadar… ¡y contemplar! Cosa que no hacía en Barcelona. ¡A veces incluso sigo a una mariposa que voló frente a mí, son enormes y preciosas en Bali! Además de que vivo en Rumah Kupu Kupa (casa de mariposas en balinés) por la cantidad que hay aquí. Y otra de mis pasiones ha sido siempre viajar, que expande tu mente, sales de tu zona de comfort, te nutre de gente culturalmente diversa y el viaje se convierte en una experiencia espiritual y de crecimiento personal incomparable. Además de que en los viajes entra en juego, con un papel muy importante, la fotografía. Todo es nuevo, los olores, los colores, los tejidos, las expresiones, la arquitectura, la comida… es como un orgasmo sensorial que me inspira a fotografiar para retener esos momentos y sensaciones de felicidad para siempre. Todo viaje es una fuente de inspiración incomparable para mí, me hace sentirme viva.

mujer con niño

perra sobre alfombra

 

¿Cómo llegáis a Bali?

Un día cualquiera, cuando todo estaba bien asentada en Barcelona, mi amiga Elena me habló de Green School en Bali, una escuela pionera en sostenibilidad ubicada en medio de la jungla de Bali, sin paredes (física y metafóricamente). Esa noche no pude dormir. Quise encontrar el momento perfecto para contárselo a mi marido Alex y fue en una mudanza a nuestra casita de pescadores en Cadaqués. Ambos lloramos al ver los Ted Talks, web y entrevistas a sus fundadores… estaba alineado con nuestros valores y supimos que iba a ser nuestro siguiente destino. Un año y medio más tarde, vendimos Frescota, el coche, las motos, empaquetamos nuestra casa para ponerla en alquiler, nos despedimos de la gente que tanto queremos (y tanto echamos de menos), hicimos las maletas (nos llevamos 25 kilos cada uno) y empezamos nuestra aventura en Bali.

Quisimos poner la educación de nuestros hijos primero. Llegué agotada. Tanto trabajo para cerrar una vida y abrir otra, y no me refiero sólo físicamente, sino que emocionalmente era mucho con lo que lidiar: ilusión, pena, miedo, excitación, preocupación… Pero lo más importante, vinimos con el corazón abierto. Con ganas de sacar el máximo partido de esta experiencia. El estilo de vida es muy distinto. Vivimos en una casa sin paredes (¡no tenemos llaves de casa!) en la que entran monos y docenas de otros seres (serpientes, ratones, gekos, los gatos de los vecinos, murciélagos, libélulas, escarabajos, cienpiés, perros del barrio…). No me ha quedado otra opción que acostumbrarme a compartir la casa con muchos otros “bichos” y me he tenido que “hacer” a la vida en la jungla. He ido “slowing down” con el paso de los meses y ahora veo y siento cosas que no había experimentado antes. Me detengo en los pequeños detalles de la vida como ver a los balineses vivir en contínua devoción y ritual y agradezco cada día tener la posibilidad de estar aquí con mi familia viviendo esta experiencia tan enriquecedora para todos y lo más bonito, creciendo juntos.

 

¿Qué os aporta esta experiencia?

Mi llegada a Bali no fue algo premeditado, siemplemente fue un impulso irrefrenable cuando supimos de la existencia de Green School. Wanderlust: un fuerte deseo o impulso de recorrer y explorar el mundo. Evidentemente, salir fuera de tu zona de confort es un proceso solitario y que da muchísimo miedo, pero el beneficio es mucho mayor. El no poderme refugiar en mis pilares (familia y amigos cercanos) ha hecho que busque las soluciones dentro de mí. También hace que mi camino sea más solitario, pero también he entendido que podemos contar con la comunidad y de que por mucho que nos sintamos aislados, no estamos nunca solos. Asisto a círculos de mujeres que me han hecho ver que nuestros problemas son universales y de que no somos los únicos con miedos, traumas, ansiedades… Escuchar y ser escuchado es una forma casi mágica de sanarse. Durante mis dos años en Bali, a pesar de ir mucho más profundo, me siento mucho más ligera.

Y además Bali nos ha enseñado a que los humanos somos humildes frente a la fuerza de la naturaleza (vivimos en el Ring of Fire) y eso me ha hecho entender el poder de la Madre Tierra y cómo incide sobre nosotros sus ciclos. Todo es cíclico, de la misma manera que lo son nuestros días, donde nacemos y morimos cada día.  

 

Sobre tu otro proyecto, Grow.

Grow ha sido el proyecto que me ha tenido ocupada mi primer año en Bali. Movida por la inspiración, amor y respeto que he sentido por la comunidad de familias que asisten al Green School, he querido rendirles homenaje y hacer un libro sobre algunas de ellas. Hemos entrevistado a 24 familias de orígenes totalmente diferentes pero que buscan un sentido a la vida común. Todos tienen historias inspiradoras que contar. Las fotografiamos en sus hogares y les hicimos preguntas cómo qué dejaron atrás para venir aquí, cómo le dices a la madre tierra que la quieres, que han aprendido del hinduismo, qué proyectos tienen entre manos, qué les ha enseñado el Green School, qué les hace crecer (grow)… entre otras.

 

¿Qué es para ti el concepto de “casa-hogar”? ¿Qué hay de ello en tu nueva vida en Bali? ¿Has logrado construirlo fuera de tu ciudad, lugar de origen?

Crear un hogar es algo fundamental para mí. Dejé atrás una casa llena de cosas y rincones que podían contarte historias. Todo el menaje de casa estaba comprando en mercados del mundo y los platos y vasos hechos por mí. Los cojines hechos con batiks antiguos traídos de un antiguo viaje a Bali y los cuadros recopilados durante nuestras vidas y los muebles heredados. Me encanta todo lo que tiene alma e historia.

Ahora vivimos en una casa en la que invertimos dos meses de nuestro tiempo para “arreglarla” antes de mudarnos. La limpiamos, sacamos muebles para disponer de más espacio para correr, bailar y jugar, la pintamos, pusimos telas antiguas compradas en Sumba, colgamos mapas mundi antiguos, plantamos flores y plantas, quitamos vallas…

Hemos creado un hogar ecléctico y funcional en el que es igual de mágico organizar una cena con amigos que tener a media docena de niños saltando por el sofá, jugando al escondite o tirando al arco. Hacemos vida en el “joglo” que es una construcción tradicional de Java hecha plenamente de madera con techos altos. También tenemos una casita de invitados en el lumbung, una antigua casita tallada en madera donde se guardaba el arroz antes. A nuestra perra le gusta dormir ahí porque es por donde entran los macacos y le gusta asustarlos con sus ladrido. Hemos adoptado a una gatita que viene cuando la llamas (se llama Pinky Paw porque tiene las almohadillas de una patita de color rosa) y nos trae siempre todo lo que caza por la jungla (lagartijas, ratones, insectos…). Casi siempre suena música en casa y hay niños de Nyuh Kuning (nuestro pueblo) que vienen a buscar a los niños para irse en bici o bañarse en la piscina.

Un hogar debe ser simplemente un lugar donde te sientas bien. Y aquí estamos pasando más horas en casa que nunca y muy a gusto leyendo, meditando, haciendo yoga, arreglando cosas, cocinando, viendo películas con el proyector, duchándonos al aire libre, durmiendo rindiéndonos con los sonidos de la jungla y despertándonos con la salida del sol y el cantar de los pájaros.

 

¿Y qué hay del ahora y los próximos meses?

Pues difícil de contestar puesto que uno nunca sabe cómo va a evolucionar. Hace unos meses hice mi primer yoga teacher training en Radiantly Alive, el estudio donde llevo practicando yoga casi a diario durante este tiempo. Hacía años que quería hacer el curso pero nunca había tenido ocasión de hacerlo antes. Me recomendaron que empezara dando clases cuanto antes para que no se quedara el título en un cajón y así lo hice. Doy dos clases de vinyasa a la semana en la shala del Green School que está rodeada de jungla y desde ella se oye el río Agung.

Dado mi background en publicidad, creo clases conceptuales tratando temas como el dar y recibir, la alegría, el perdón, los aborígenes, la naturaleza… y busco música especial para cada clase e incorporo la danza, la ilustración, el compartir historias, los boles tibetanos, el tambor chamánico…

Me interesa mucho el poder sanador de los círculos de mujeres y me gustaría encontrar la manera de conjugar el yoga, la danza y la música con el compartir historias. Conectar, crecer, sanar. Estoy trabajando en ello. Es un mundo que no me lo acabo, uno no deja nunca de estudiar, así que ando muy concentrada en leer, practicar e inspirarme en todo lo posible (clases de yoga, workshops, facilitadores, músicos, meditadores…) para poder dar lo mejor de mí.

Pero intento que todo fluya y a pesar de preparame muy bien las clases de yoga, me rindo ante los misterios de la vida, tratando de dejar atrás el querer controlarlo todo y fluir. Sé de lo que soy capaz si conecto con el corazón y eso es lo que me da fuerza y confianza para tirar adelante por este camino espiritual y místico en el que me he encontrado. A veces me da vértigo este cambio, pero quiero entender que no es algo repentino, uno planta una semilla años atrás y genera unos frutos que ahora estoy recogiendo, a pesar de que a veces siento que la fruta no está madura del todo…

Como proyecto personal, quiero seguir creciendo espiritualmente, estar cada día más conectada al presente y con el corazón abierto, más serena y aceptar las cosas tal y como son. Y sobre todo estar aún más agradecida por la vida que tengo. Vivir con menos cosas materiales y más espirituales.

¿Algo más que quieras contar?

Sí, me gustaría cerrar con el mantra Lokah Samastah Sukhino Bhavantu, que viene a expresar el deseo de que todos los seres en todas partes, sean felices y libres, y que nuestros pensamientos, palabras y acciones, contribuyan de alguna manera a alcanzar la felicidad y la libertad de todos.

Vivamos sin hacer daño a los demás (ni a nosotros mismos), vivamos en armonía con el medio ambiente y fomentemos la conexión y la compasión por todos los seres vivos.

 

Muchísimas gracias Lisi por compartir todo esto conmigo y con todas las personas que lo leerán. Es un placer tenerte aquí y por supuesto, en mi vida.

Un abrazo,

Anna

 

mama y niño en piscina

Todas las fotografías pertenecen a Lisi

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