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Observación y cuidado

chica mirando hacia abajo en pared de ladrillo

Estamos cada vez más cerca del lunes 4 de marzo, fecha del lanzamiento de mi nuevo proyecto y empiezo a sentirme impaciente. Tengo tantas ganas de lanzarlo… Y es que no únicamente verá este la luz sino que también habrá cambios en la web, tanto a nivel fotográfico como de discurso porque… aunque en estos años trabajando de freelance, ya he ido haciendo cambios sutiles en los textos para explicar mejor sobre mi trabajo, el lunes 4 habrá algunos más y creo que bastante significativos.

En este tiempo he crecido, evolucionado, siento que he madurado y que me he definido mucho más a nivel profesional. Me siento muy alineada en estos momentos y sé que cada vez lo estaré más porque he iniciado un viaje de no retorno, creciendo día a día a través de mi constante búsqueda, investigación, lecturas, clases y cursos, viajes… Pero, ¿quién no lo hace? Estamos todos en constante construcción, aprendiendo, dándonos cuenta de cosas, avanzando, retrocediendo, cayendo, levantándonos. Esa es la vida y aunque a veces asuste sentirse a medias e incompleto, repito, eso es parte de la vida y del hecho de ser humano. Nunca estamos, nunca acabamos, siempre podemos ver, saber y aprender más. Siempre hay algo por descubrir, propio, de otros o del mundo.

Hace unos años me hice freelance para escribir para otros y eso es lo que hago a diario pero en Bali, fruto de la necesidad que sentía, me puse a escribir (más que nunca) para mí y al cabo de pocos días de leer y releer lo que estaba escribiéndome, me dije: “esto que a mí me está ayudando tanto… Podría ayudar a muchas otras mujeres que como yo, pasan por situaciones similares, sea lo que sea que les duela y como les duela. Sea lo que sea que se remueva, flojee o nos cuestionemos”. Al final, la gran mayoría de nosotras tenemos miedos, nos olvidamos de nosotras, nos rechazamos en algunos momentos de nuestras vidas, somos duras y estrictas, exigentes y perfeccionistas, no creemos en nuestra valía, vivimos con estrés, buscamos constantemente algo sin saber qué… Y nos vamos minando y debilitando. ¿Cuántas veces no nos tratamos peor a nosotras mismas que a los demás? Con malas palabras, gestos, actitudes, pensamientos… Hiriéndonos en lugar de cuidarnos. Tantas veces.

Por eso es importante detenerse y detectar qué nos sucede. Observarnos y tratarnos con cariño, con compasión, con ternura, aceptarnos y bajar los niveles de exigencia. Debemos cuidarnos, algo de lo que ya os hablaba el pasado mes de noviembre cuando dediqué todo el contenido de ese mes al cuidado y el primero de esos artículos se titulaba “¿Qué haces para sentirte mejor?». Allí empecé a desnudarme y a mostrarme más vulnerable de lo que habitualmente me he mostrado porque a pesar de ser una persona fuerte, tengo, como todas, mis debilidades. Ese post tuvo una acogida maravillosa y es que muchas os sentisteis identificadas y sobre todo, reflexionasteis sobre lo que allí decía. Me escribisteis, me distéis feedback, fue maravilloso y me sentí afortunada porque conecté mucho con vosotras a través de una reflexión que me estaba también ayudando a mí. Me ayudé y os ayudé. La mejor de las recompensas.

Pues bien, han pasado algunos meses y ese mes del cuidado, sin darme cuenta de un modo consciente, ha ido gestándose hasta estallar en Bali. Cuando llegué el 27 de diciembre a la isla, decidida a tomarme una pausa, un break y un tiempo de escucha, introspección y silencio porque las cosas no estaban marchando como yo deseaba que fueran a pesar de todo estar aparentemente bien, empecé a escribir. Básicamente es lo que hice en mi tiempo allí. Escribía, leía, iba a clases de yoga, veía TED’s, pero sobre todo escribía. Creo que además, como la gran mayoría de cosas en esta vida, cuando más haces algo, fluye más fácil y mayor necesidad tienes de seguir haciéndolo. Estaba atrapada en el escribir y no podía parar de pensar en unas y otras ideas que quería plasmar en mis escritos. Hice un gran trabajo terapéutico a través de la escritura, a través de todas esas páginas que al final se han reflejado en algo muy importante para mí y que me ha llevado de nuevo a reconectar conmigo, a entender qué me estaba sucediendo, a ver qué deseaba realmente y enfocarme en ello para caminar hacia ese lugar.

El próximo día 4 de marzo os invito a que os toméis un tiempo para vosotras, a solas, vuestro espacio y vuestro momento, sagrado, necesario y vital.

bolsa frutas

Fotografías: Beatriz Janer

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Anna

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