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Reconectar en Bali

nubes y avión

 

He estado un mes fuera, un mes exactamente. Se dice rápido pero no.

Siempre había querido hacer un viaje sola y de hecho ya hice algunos (Burdeos, cuando me fui a un surf camp hace dos años, de hecho incluso el tiempo que viví en Londres podría considerarse también…) pero no un viaje de este tipo, recorriendo y estando tanto tiempo sola. Siempre quise hacerlo pero nunca hasta ahora me había atrevido. Lo veía de valientes y supongo que tras hacerlo, me coloco automáticamente en ese grupo, ¿no? 😉

Pero, ¿qué hace que quieras irte tanto tiempo fuera, lejos de los tuyos y de toda tu vida? Hay quien lo hace por el placer de viajar, descubrir, recorrer… Yo lo hice para viajar hacia mi interior y redescubrirme y reconectar conmigo porque la vida, me había estado presionando demasiado. La vida y yo misma.

Mi vida me encanta. Adoro la ciudad en la que vivo, mi trabajo, mis hobbies, mis personas… Pero no como estaba funcionando todo ello, no como estaba caminando día a día que más que caminar, todo iba a demasiada velocidad. Hablamos todos de slow life, yo la primera, y ¿quién realmente lo practica? ¿Quién vive pudiendo afirmar que su estilo de vida es de ese modo? No podemos, no al menos en la estructura oficial en la que nos han obligado a meternos a menos que la cuestionemos y busquemos nuestra manera. Yo no quería seguir en ese embudo o camino que no me permitía mirar hacia los lados para ver a mi alrededor pero tampoco me permitía mirarme a mí misma y atender como me estaba sintiendo.  No quería y busqué la manera de, desde la calma, la paz y el silencio, reconectar parta regresar a mí y decidir como ajustarme a una zona más equilibrada y saludable para mí.

 

 

Antes del viaje, llevaba meses ahogándome. Me sentía asfixiada y con ansiedad. Todo, cualquier cosa me suponía demasiado. El trabajo, quedar con mis amigas y familia, el día a día, ir a yoga corriendo para luego ponerme a trabajar, gestiones varias, cocinar, viajar… Todo era un estrés. ¿Por qué? Porque estamos TAN CARGADOS de cosas que incluso viajar es un estrés porque antes de irte debes dejarlo todo listo para que en tu ausencia no se acabe el mundo y al volver, triple estrés porque mientras no has estado, han pasado cientos de cosas y debes atenderlas. Además de ser todo excesivo (lo que otros nos imponen y lo que nos imponemos nosotros) debe ser todo inmediato. Todo para ahora. Una entrega, una conversación, una cita, un whatssapp. Entré en colapso porque yo no quería ni quiero vivir esa vida. No, yo quiero una vida plena y feliz pero sencilla. Y teniendo muy claro esto, el resto… Viene solo.

Me fui a Bali para estar tranquila, a solas, alejada del ruido. Me fui a meditar, respirar y buscar el silencio. Necesitaba apartarme un poco y retraerme del mundo para primero, dejar atrás esa ansiedad y presión y para luego, ir viendo con más claridad qué y cómo quería que fuera mi vida y sobre todo, como hacerlo posible. Estaba desbordada, desordenada, superada. Sin sentir ya nada porque solo sentía la presión y la prisa, la exigencia.

Nos hemos convertido en autómatas activados y ausentes que no vivimos nada, sobre expuestos a diez mil estímulos constantemente. No somos, simplemente hacemos en una vida en la que impera la velocidad, los cambios, prisas…

bolsa con fruta y verdura

vista piscina y jardín

El mundo es estimulante y nutritivo pero también avasallador y tóxico (…)

Vivimos una contaminación mental que afecta a nuestra introspección y perturba la estabilidad interior. Nos arrebata la atención. Nos atragantamos de información, inundados de atracciones y distracciones externas, huecas de contenido mental y conductual.

Y por eso surge esa necesidad de silencio para darle espacio a la palabra y espacio mental para que la conciencia y la introspección emerjan”. Este es un extracto del libro “Meditar día a día” de Cristophe André, os lo recomiendo totalmente y como veis, habla justamente de eso que yo estaba sintiendo.

También es cierto que hay veces que no es la situación sino nuestra mirada y manera de interpretarla. Algo en lo que también he estado pensando y trabajando. Otras veces es el poder que damos a los demás, permitiendo que ellos decidan sobre nosotros. Otro de mis errores, el de muchos de nosotros.

No quiero que la vida se me lleve por delante. No quiero estar tachando tareas de una lista eterna de to do’s que queremos terminar para seguir con la siguiente lista. Quiero vivir aquí, ahora y plenamente, sin sentirme presionada por tantos otros cientos de cosas por hacer. Quiero hacerme la vida lo más simple y fácil posible para no ir siempre detrás de otra tarea. Quiero abandonar esa vida de lo urgente e ir a lo natural: respirar, sentirme viva, estar con quien deseo en el momento que lo sienta.

Estoy de vuelta y aunque obviamente un mes no soluciona la vida de nadie, este tiempo me ha dado mucha calma, tranquilidad, perspectiva y me ha hecho relativizar. Es uno de los mayores regalos que podría haber tenido y haberme ofrecido. Tengo muy claro lo que quiero y voy a luchar por tenerlo.

Cada uno encuentra su manera de regresar a si mismo y estar bien. Para mí el yoga es siempre una gran ayuda pero no puede por supuesto solucionarlo todo y en este viaje, me he dedicado a meditar, respirar, escribir y ordenar mi mente, necesidades y deseos. Una pausa en el tiempo para aprender de nuevo cosas que se nos olvidan pero que son tan simples como el ir poco a poco, sentarse, observar y sentir.

Por último, añadir que a pesar de haber hecho este viaje sola (así lo sentí y lo necesité), creo firmemente que la vida es mejor compartida, por más solitaria/o o independiente que puedas ser. Sin duda, con alguien al lado, todo suma y es mucho mejor.

Sé que tomarse un mes, alejarse de todo y parar nuestra vida por tanto tiempo, es algo complicado pero… hay que encontrar la fórmula que sea posible para cada una/o. Hay que encontrar la manera de escucharse, sea en la medida que sea, pero escucharse de verdad y de corazón, con amabilidad, sin presión ni exigencias. No podemos dejarnos perder como tantas veces hacemos. Somos lo más importante porque si nosotras/os no estamos bien, ¿qué podemos darle al mundo y a los demás?

Gracias Bali, gracias por todo lo que me has dado. Gracias a mí por decidir dar este paso tan importante y gracias a mis personas que han estado ahí apoyándome desde la distancia.

PD: También en este tiempo mi mente ha estado tan despierta y calmada que ha estado brillante y ¿eso qué significa? Que he tenido muchas ideas, me he sentido tremendamente inspirada y tengo mucho entre manos así que… ¡pronto os iré contando!

bamboo indah

hojas verdes

Fotografías: Anna Alfaro / El retrato es de Beatriz Janer

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