Tomarse una pausa

sofá en salón suelo madera

escalera con libros

 

En el primer post de este mes hablaba de la necesidad que tenemos de cuidarnos y sentirnos bien y hoy quiero hablar de algo que nos hace bien, que es necesario pero que nos tomamos poco en serio: tomarse una pausa. En el primer post del mes, fue bonito ver toda la conversación que se generó en torno a este tema y ver de qué modo os cuidáis y buscáis estar bien con vosotras mismas. Me siento agradecida de leeros y además, resulta que mucho de lo que hacéis, ¡yo también lo hago! Y no las compartí por no extenderme en exceso pero también porque nos olvidamos de ellas, no somos conscientes de lo que hacemos y del bien que todos esos pequeños detalles, tienen también sobre nosotros.

 

Esto es lo que me habéis dicho:

  • Bailar
  • Hacer ejercicios de respiración y meditar
  • Escribir
  • Una ducha larga, con exfoliante y mascarilla
  • Pintarse las uñas
  • Dormir. Acostarme más temprano de lo normal o una mañana sin despertador ni relojes…
  • Comprar flores

 

chica tomando taza de té

velas y botella agua de cristal

 

Maravillosas herramientas que deberíamos integrar más y más en nuestro día a día. En mi caso siento (y son muchas las señales que me están llevando a ello) que respirar, mindfulness y tomar pausas, son de lo que más necesito en estos momentos.  Ya hace un tiempo escribí sobre el silencio (os lo dejo aquí nuevamente porque creo que es realmente necesario tenerlo presente e incorporarlo en nuestras vidas) y tanto el silencio como las pausas, es lo que buscaba en este viaje a Berlín del pasado fin de semana. Tomar distancia para apagar el interruptor y desconectar. Pero desconectar de verdad. Dejar por un momento en pause lo que nos alborota y altera la mente continuamente. El ruido. Sea lo que sea que te lo produzco. Parar. Stop. Y observar. Observar lo bello, lo más sencillo, simple y ordinario. Lo que nos rodea… Por eso Berlín. Porque es una ciudad ya conocida, he estado en ella varias veces (aquí tenéis algún post de la ciudad aunque habrá uno nuevo antes de fin de año) y no queríamos presionarnos (porque esto lo que solemos hacer la mayoría cuando viajamos) para ver TODO lo que hay que ver cuando ves una ciudad por primera vez. No queríamos ser turistas. Queríamos descansar en un entorno conocido, bonito e inspirador para pasear, detenernos, tomar café, abrigarnos con gorros y ropa de invierno, ir al cine… Ser locales en definitiva. Leer, escribir, comprar flores… Vivir sin prisas.

 

Muchas veces esto no puede ser o es complicado por el trabajo, obligaciones varias, dinero… Lo sé. Llevo semanas necesitándolo, creo que desde que volvimos de Japón (ya os contaba a principio de mes que este viaje ¡me ha revolucionado!) pero hasta ahora no pudo ser y tampoco es que fuera el mejor momento pero… ¿cuándo lo es? Así que… Precisamente haces eso, te paras, te tomas una pausa y lo haces: estás por ti, en silencio y observas, tanto lo que te rodea como lo que sientes estando así. Es algo bueno y necesario, os lo recomiendo. Terapéutico.

 

juncos plantas

edificios y árboles

sillas en café de ciudad

Fotografias: Anna Alfaro, Berlín 2018

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