La sensibilidad

Hoy en día muchos nos movemos en el terreno de lo emocional tanto en nuestra vida personal como a nivel laboral. Tratamos de crear trabajos, proyectos, cada uno desde su arte y su disciplina, que impacten en el otro, que transmitan, que hagan pensar, que aporten algo, que remuevan… Todo es emocional. A veces hablándolo con las personas de mi alrededor nos reímos pero es así, es eso lo que precisamente queremos. Emociones, que algo nos toque, nos haga vibrar y sentir. Y por supuesto, vinculado a esto, está la sensibilidad.

A mi la cabeza me va a mil. Estoy haciendo en muchas ocasiones algo pero ya estoy pensando en lo siguiente. Pero no solo me va a mil la mente, también la mirada, que no puede dejar de observar, detenerse, buscar… y encontrar. Lo emocional de los objetos, la sensibilidad de nuestra mirada. ¿Qué nos seduce, qué nos atrapa, qué nos apasiona y nos pone la piel de gallina? Miras a tu alrededor, te mueves de aquí para allá y estamos completamente rodeados de belleza, desde el más simple cuenco hasta esa lámpara colgando en la entrada de esa casa que estás visitando. Ese edificio que te cruzas al caminar por la calle cuando alzas la mirada hacia el cielo. Esa cerámica que ves cuando estás visitando alguna de esas tantas tiendas maravillosas de la ciudad o esa pulsera que te pones y descansa en tu muñeca, que la miras al teclear en el ordenador y piensas: “pero qué bonita es, qué bien hice comprándola…”. Objetos, momentos, situaciones, personas que nos emocionan y que hacen que aflore toda nuestra sensibilidad.

Sensibilidad que podemos ver en los movimientos. Es algo en lo que me fijo muchísimo.

“Ver como mueves tus manos, como las colocas sobre tus piernas, como sostienes el café o el té, como te humedeces los labios, tus dedos, tu mirada, el mechón de pelo cayendo sobre tu rostro. Los objetos que te rodean, que escoges para tus lugares y rincones. Esa libreta y ese bolígrafo. Tu bolso y todo lo que llevas en él. Esa nueva figura que has comprado y que en su día se la regalaste a alguien imaginando su emoción al recibirla y ahora la quieres vivir tu del mismo modo…”.

Toda esta reflexión me vino a la mente hace algunas semanas conduciendo en la moto. Salía de Casa Atlántica y me detuve delante de la figura de un pájaro de cerámica. Hacía tiempo que lo quería. De hecho, como contaba antes, lo regalé hace algunos meses y este día, me lo regalé a mi misma. La figura (igual que los objetos que elegimos para nuestra vida) dicen mucho de cada uno de nosotros y supongo, que este, dice mucho de mi o así lo siento. ¿Qué opináis al respecto? ¿Cómo os queréis rodear? ¿Qué os emociona, os hace vibrar, os hace sentir? Sin duda, algunos, vivimos con la sensibilidad a flor de piel…

figura de cerámica casa atlantica

Fotografía: Anna Alfaro

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